Comienza con aspirado suave, agua tibia y jabón neutro para retirar polvo y grasas. Usa vinagre diluido o alcohol isopropílico en manchas rebeldes, probando siempre en zonas ocultas. Cepillos de cerdas suaves alcanzan molduras sin arañarlas. Evita empapar la madera; seca con paños de microfibra y deja ventilar. Si encuentras olores persistentes, el bicarbonato en cajones y el sol de la mañana ayudan. Conserva señales bellas del tiempo que aporten carácter, evitando el exceso que borra su historia.
Aprieta tornillos, inyecta cola de carpintero en uniones sueltas y sujétalas con sargentos el tiempo indicado. Para grietas, mezcla aserrín de la misma madera con adhesivo y rellena cuidadosamente. Refuerza fondos de cajones con chapas nuevas si flexionan. Cuando cambies piezas, busca compatibilidad de veta y densidad. Marca todo antes de desmontar y fotografía cada paso. La mejor reparación es aquella que no se nota, devuelve solidez y respeta la intención del diseño original.